Los países asiáticos, americanos y nórdicos son grandes consumidores de algas. Y, de unos años acá, nosotros también nos hemos ido acostumbrando a usar productos como nori, kombu, wakame, agar-agar y judía de mar, lechuga de mar y uva de mar. Pero, cuidado, no olvidéis que las algas tienen un sabor potente y hay que usarlas con prudencia, en la cocina.

  • Podemos encontrar algas frescas con un punto de sal, en salazón, secas, deshidratadas, en polvo y liofilizadas. La sal ayuda a mantener la calidad. Se tienen que desalinizar para cocinarlas. No son extremadamente caras, el precio está relacionado con la variedad. Son los vegetales del mar, tienen mil formas y un marcado sabor marino. Son ricas en minerales, vitaminas y proteínas, y muy buenas para el organismo, pero, vigilad, el gran contenido de yodo que tienen puede ser contraproducente para personas con problemas de hipotiroidismo.

  • Sin darnos cuenta consumimos algas en productos industriales que contienen agar-agar. El famoso caldo japonés dashi se hace con alga kombu, un potenciador de sabor natural. También en la cultura japonesa, se usa el alga nori, seca y ligeramente tostada, para acompañar elaboraciones relacionadas con el sushi. Las algas de nuestro litoral, la judía o la lechuga de mar, las podemos añadir en las ensaladas, las sopas, los salteados, los arroces, los fideos y las salsas de pescado. Las técnicas de la tempura o de hacer croquetas también son aptas. Tened en cuenta que las algas tienen un sabor potente!

  • Las algas son una familia extensísima, no se han investigado todas, pero se sabe que también hay algunas tóxicas. La industria que trabaja las algas las somete a un proceso de salazón, deshidratación o liofilización. Probablemente, las que encontramos en el mercado también se pueden tomar frescas, pero la sal, la deshidratación o la liofilización las convierten en un producto con seguridad alimentaria que puede viajar y se conserva bien.

Preparación

  1. Para los dados de ajo negro (opcional): mezclar todos los ingredientes; en un cazo al fuego, hacer que arranquen el hervor, triturarlos con un túrmix y reservarlo en un recipiente pequeño. Esperad a que cuaje y cortar daditos para añadir sobre la fideuá en el momento de la degustación.
  2. Poner los fideos a tostar en el horno, a 150 ºC, 10 min, y reservarlos. Los fideos tienen que quedar tostados de manera uniforme.
  3. En una sartén de unos 18 cm de diámetro y con un hilo de aceite, sofreír 1 min todos los vegetales del mar y de la huerta, cortados a la medida de los fideos.
  4. Incorporar los fideos tostados, salpimentarlo y sofreírlo 30 s más.
  5. Añadir el caldo vegetal bien caliente y dejarlo cocer a fuego potente 30 s. Ponerlo en el horno muy caliente, a 200 ºC, y dejarlo cocer 5 min.

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