¿Qué estamos dispuestos a hacer por un roscón de nata?
De como un hallazgo un poco escatológico en medio de la montaña se puede convertir en un motivo para disfrutar de unos buenos postres de la mejor pastelería del pueblo.
Un domingo de ya hace unos cuántos años, yo debía de tener siete u ocho años, salimos con la familia a andar alrededor de Santo Segimon del Montseny, con el centro excursionista de mi pueblo, la Garriga. Éramos una cuarentena larga y la pandilla hacía tilín. Marchábamos al sonido del tren pinxo de Banyoles entre prados de un verdor espaterrant, hasta que paramos en seco al topar, en medio del camino, con un billete de dos mil pesetas debajo de una tifa de vaca. El capataz se acercó, hu