Santi Rivas: "Si la gente que hace un vino no me cae bien, no hablo de ellos"
Hablamos con el 'enfant terrible' de la prescripción del vino y autor de dos libros de éxito
Santi Rivas (Madrid 1979) es divulgador de vino. Ejercía de abogado especializado en finanzas pero un día decidió dejarlo para dedicarse a hablar de esto que tan lo apasiona. Lo hace en las redes sociales, a través de colaboraciones en medios de comunicación y con un par de libros en los que retrata el momento actual del sector: Deja todo o deja el vino y Vinos gentrificados (Muddy Waters). La última vez que estuvo en Barcelona, en el restaurante Público, reunió a un centenar de personas para escucharlo. Parece difícil que haya un término medio y su particular visión del vino y la contundencia de los mensajes que divulga, hacen que la gente lo idolatre o le odie. Hemos hablado con él sobre su trabajo y la manera que tiene de entender la divulgación del vino.
¿Tiene conciencia de haber roto el molde de la prescripción del vino?
Sí, claro. Y hay mucha gente joven que lo valora esto. A ver, el sector no me recibió muy positivamente cuando empecé. Hubo gente que me ayudó mucho, pero es cierto que lo que yo estaba haciendo era raro, ¡porque, básicamente hablaba normal! La rareza en ese momento era ser natural, porque lo que se llevaba era hablar de vino de forma impostada. Claro, cuando en 2008 empecé a hablar de vino con tacos, la gente se preguntaba, “¿pero ese tío de dónde ha salido?” Al final, la gente que me sigue quiere beber bien, y yo bebo bien. Y por tanto, la gente quiere beber como yo.
¿Es cierto si la persona que hace un vino no se le cae bien, usted no habla?
Sí, sí, tengo vinos vetados. Yo llevo mi honestidad hasta el extremo. Si yo no compro ciertos vinos porque les hace gente que se me cae mal porque los he enganchado en cosas truculentas, es que no quiero ni hablar. Cosas truculentas como fraudes, estafas, violación de derechos laborales…tengo razones sólidas. Si no los compro, no los divulgo. Críticas negativas las hacía, sobre todo al principio. Eran vinos que tenían pretensiones, ya la gente le gustaba, pero me di cuenta de que tenía muchas cosas que explicar en positivo y que si se trata de hablar del pico yo, si no me lo pico, no hace falta decir nada (ríe).
Otra de las frases que le he oído decir muchas veces es que en un vino barato hay alguien que sufre mucho.
Es así. Y siempre suele ser el viticultor. Y hay que tenerlo en cuenta. Por eso yo divulgo un tipo de vinos y otros no. Yo hablo de los vinos que bebo yo y hay muchos otros tipos de vinos que no son mi tema. Hay vinos que no son mi tema, ni me interesan ni pienso hablar de ello. Es como los vinos sin alcohol. No es mi tema. Me da igual lo que hagan.
¿La prescripción del vino de hace 20 años dejaba de lado un poco el origen, la bodega y las personas que lo hacían?
Podría ser pero seguramente es porque no hacía falta y porque tampoco había tanta diferencia entre los vinos. Ahora el consumo puede vertebrar tu ideología o tu intelectualidad, o la conciencia medioambiental o el sesgo político. Y esto se puede hacer porque existe esa diversidad en los vinos. Hasta hace poco el vino sólo podía ser estatus: pico barato, soy pobre versus pico caro, soy rico. Ahora puedes decir, sólo pico vinos naturales, o sólo pico vinos ecológicos, o sólo pico Francia, o sólo quiero blancos de este estilo y de este tipo de bodegas, etc. Como hay mucha diversidad, entra en juego una nueva divulgación para diferenciar los vinos.
¿Cómo entró en el mundo del vino?
Muy joven, a los 16 años. A los 19 años empecé a entender y hacia el 2003 trabajé con mi primo en una tienda de vinos de París. Cuando volví a Madrid y salía con amigos y íbamos a ferias de vinos era muy divertido y no entendía cómo era que eso, llevado a la divulgación ya no era divertido. Cómo podía ser que hablar de vinos fuera tan aburrido. Y es por eso que vertebré la divulgación que hago yo a partir de esta premisa. Debía haber alguna forma de hablar de vino y que fuera divertido.
Lo logró y le fue tan bien que dejó su trabajo como gestor de riesgo. Esto es lo que explica en su primer libro Deja todo o deja el vino (Muddy Waters Books, 2022). Y tiene un segundo en el mercado, Vinos gentrificados. ¿Qué explica en éste?
El fenómeno por el que un vino que se convierte en culto y de repente pasa a tener un precio inalcanzable, tan caro, que desplaza a quienes lo bebían al principio. En el mundo del vino ocurre como en la vivienda, cuando hay gente con alto poder adquisitivo que quiere vivir en un barrio determinado y hace que los precios suban, lo que obliga a los que vivían a marcharse porque ya no pueden pagarlo. Los vinos gentrificados son aquellos que antes eran accesibles, pero se convierten en productos de lujo al alcance de muy poca gente.
¿Está preparando algún otro libro?
Estoy pensando en ello pero no hay nada en firme. Me gustaría explicar lo que ocurre en Burdeos. Siempre acabo explicando las cosas cuando están pasando, la parte sociológica del vino me interesa mucho. Y ahora mismo me flipa pensar que una nueva forma de entender el vino se pueda cargar una denominación de origen que ha resistido dos guerras mundiales.