Tres recetas rápidas y con solo cinco ingredientes
Con el cocinero Arnau París, queremos daros ideas para cocinar platos buenísimos y originales cuando os queden pocos ingredientes a la nevera. Y el mejor de todo es que los podéis preparar en un santiamén!
Con solo cinco ingredientes —este mes lo hacemos con lechuga, pechuga de pollo, berenjena, miel y queso rallado— podemos preparar tres platos muy diferentes, plenos de sabor y con un toque creativo muy interesante. Esta combinación nos demuestra que no hay que llenar la nevera para disfrutar de una buena cocina!La lechuga, fresco y crujiente, es ideal para aportar ligereza y textura. La pechuga de pollo, rico en proteínas y bajo en grasas, es un básico que se adapta a mil formas de cocción. La berenjena, con un gusto suave y carnoso, absorbe sabores como jefa otra hortaliza. La miel, dulce y natural, puede transformar una vinagreta o caramelizar un asado. Y el queso rallado, intenso y reconfortante, mujer el toque finalque hace salivar.Con estos ingredientes podemos hacer, por ejemplo, un wrap de pollo y berenjena, una ensalada Cèsar con un toque original que seguro que os sorprenderá y unos corros de lechuga que os transportarán al sudeste asiático.Una carne muy versátilLa pechuga de pollo es una de las carnes más valoradas, por la ligereza y la versatilidad. Nutricionalmente, destaca por el alto contenido en proteínas de calidad y el bajo nivel de grasas, especialmente si nos lo comemos sin piel. Por eso, es ideal para dietas equilibradas, de deportistas o para personas que se quieren controlar el peso.Para conservarlo correctamente, hay que guardarlo a la nevera a entre 0 y 4 °C, preferiblemente en un recipiente hermético. Si no os lo tenéis que comer en dos o tres días, es mejor congelarlo: lo podéis dividir en porciones por aprovecha -lo mejor y que se descongele más rápido.En cuanto al color, puede ser blanco o amarillo. El blanco proviene de pollos alimentados principalmente con pienso, mientras que el amarillo suele indicar una dieta rica en maíz o que ha sido criado en libertad. El gusto puede variar ligeramente: el amarillo suele ser más intenso y con una textura más firme que el pollo blanco.
Con solo cinco ingredientes —este mes lo hacemos con lechuga, pechuga de pollo, berenjena, miel y queso rallado— podemos preparar tres platos muy diferentes, plenos de sabor y con un toque creativo muy interesante. Esta combinación nos demuestra que no hay que llenar la nevera para disfrutar de una buena cocina!
La lechuga, fresco y crujiente, es ideal para aportar ligereza y textura. La pechuga de pollo, rico en proteínas y bajo en grasas, es un básico que se adapta a mil formas de cocción. La berenjena, con un gusto suave y carnoso, absorbe sabores como jefa otra hortaliza. La miel, dulce y natural, puede transformar una vinagreta o caramelizar un asado. Y el queso rallado, intenso y reconfortante, mujer el toque finalque hace salivar.
Con estos ingredientes podemos hacer, por ejemplo, un wrap de pollo y berenjena, una ensalada Cèsar con un toque original que seguro que os sorprenderá y unos corros de lechuga que os transportarán al sudeste asiático.
Una carne muy versátil
La pechuga de pollo es una de las carnes más valoradas, por la ligereza y la versatilidad. Nutricionalmente, destaca por el alto contenido en proteínas de calidad y el bajo nivel de grasas, especialmente si nos lo comemos sin piel. Por eso, es ideal para dietas equilibradas, de deportistas o para personas que se quieren controlar el peso.
Para conservarlo correctamente, hay que guardarlo a la nevera a entre 0 y 4 °C, preferiblemente en un recipiente hermético. Si no os lo tenéis que comer en dos o tres días, es mejor congelarlo: lo podéis dividir en porciones por aprovecha -lo mejor y que se descongele más rápido.
En cuanto al color, puede ser blanco o amarillo. El blanco proviene de pollos alimentados principalmente con pienso, mientras que el amarillo suele indicar una dieta rica en maíz o que ha sido criado en libertad. El gusto puede variar ligeramente: el amarillo suele ser más intenso y con una textura más firme que el pollo blanco.


