"En la DO Cava ya no cabe hacer volumen sin margen"
Javier Pagès, que deja la presidencia de la DO Cava, se muestra optimista sobre el futuro de este vino espumoso
Javier Pagés (Barcelona, 1957) deja la presidencia de la DO Cava después de ocho años intensos para los espumosos del Penedès. Sequías, escisiones, categorización de producto y zonificación para delimitar el origen, revalorización de la marca, bajada de consumo y exportación mantenida. No es una denominación de origen de fácil gestión, es una de las tres del estado que son supraautonómicas y que por lo tanto dependen directamente del Ministerio de Agricultura. No obstante, cerca del 95% se produce en Cataluña y prácticamente todo en el Penedès. En el año 2018, cuando fue nombrado presidente de la DO Cava, era el director general de Codorníu, de hecho él forma parte de la decimoséptima generación de la familia fundadora de la compañía, a pesar de que ahora la mayoría del accionariado es de un fondo de inversión norteamericano. Javier Pagès deja el cargo este jueves 11 de junio, que es cuando se tiene que votar la nueva presidencia y lo hace satisfecho de muchas de las metas que se han logrado y también con el pesar de no haber conseguido más unión dentro del mundo de las burbujas en el Penedès.
Deja el cargo después de 8 años, ¿de qué está más orgulloso?
Probablemente de haber contribuido a reforzar el camino hacia la valorización del Cava. El futuro pasa por el origen, la calidad, la segmentación y el prestigio. Creo sinceramente que durante estos años hemos ayudado a construir en esta dirección, especialmente con el impulso de los Guarda Superior, las largas crianzas, los Cavas de Paraje y una apuesta más clara por explicar la diversidad y la calidad de nuestro territorio. También me siento orgulloso de haber intentado liderar desde el diálogo y la generosidad la búsqueda de consensos.
¿Y de qué está menos orgulloso?
Probablemente de no haber conseguido plenamente una visión más compartida de sector. Siempre he pensado que la valorización del Cava solo se puede consolidar plenamente desde una cierta unidad en lo esencial. No quiere decir uniformidad —el Cava es diverso por naturaleza—, pero sí compartir orgullo, relato y ambición colectiva. La diversidad del Cava no debería dividirnos, nos debería enriquecer.
Usted se encontró prácticamente hecha la escisión de Corpinnat. ¿Tuvo poco margen de actuación?
Cuando llegué a la presidencia, Corpinnat ya estaba creado y la separación ya estaba iniciada. Sin embargo, desde el principio y durante prácticamente todo mi mandato, he intentado rehacer puentes. Siempre he creído que unidos somos más fuertes. Corpinnat me lo encontré como una sorpresa, no era muy consciente de lo que estaba en juego. Había pasado tiempo y estas bodegas tenían un deseo muy grande de llevar a cabo esta marca. Dentro de Corpinnat tengo amigos, y hay gente que valoro mucho. No hemos podido encontrar el momento adecuado, pero creo que es muy necesaria la unidad bajo un mismo paraguas. A esta unidad le hace falta generosidad para conseguir un bien común superior. Si hay disputas y enfrentamientos no se trabaja conjuntamente porque es fácil sentir que unos están en competición con otros y eso acaba llegando al mercado y al consumidor y no da fortaleza. Espero sinceramente que en el futuro el sector sea capaz de encontrar más espacios de entendimiento y de construcción compartida.
¿Cómo se imagina el futuro del cava en el Penedès?
Me gustaría que hubiera un vínculo aún más fuerte entre el Cava y el Penedès, un territorio históricamente ligado a su identidad y reconocido así por mucha gente dentro y fuera de España. Personalmente, siempre he creído mucho en el valor del origen y del territorio. Y pienso que el Penedès puede seguir jugando un papel fundamental dentro del futuro del Cava, especialmente en los segmentos más cualitativos y de largas crianzas. No hay ninguna denominación de origen que no tenga modelos económicos muy diferentes y diversos y en el cava. Pero la marca es una plataforma ideal para competir a nivel mundial.
¿Competir más en valor que en volumen?
El valor es determinante. A veces la gente se confunde. El volumen es necesario siempre y cuando aporte beneficio, sino a veces es una patada hacia adelante. Parece que el volumen esconde muchas cosas. Puede dar crecimiento pero si al final la transacción económica no da beneficios, no es sostenible. Y eso no quiere decir que no se tenga que hacer volumen. Todas las denominaciones de origen lo tienen, también aquellas que tienen más valor. Hay diferentes modelos de negocio y todos caben porque hay diferentes consumidores y diferentes nichos de mercado, más exclusivos y más accesibles. Lo que no cabe es hacer volumen sin margen. El cava todavía sufre de más hectáreas de las que la demanda necesita. Hemos tenido tres años de sequía en que la producción ha sido más baja, pero si se normaliza, sobrará uva y cava.
¿Y cómo ve el cava en el mundo?
Soy optimista. Creo sinceramente que el Cava tiene un potencial enorme de exportación. en el mundo. Tenemos calidad, diversidad, historia, capacidad de innovación y una relación calidad-placer extraordinaria. Pero tenemos que seguir trabajando sin descanso en la valorización y en la construcción de una imagen cada vez más vinculada al prestigio, el origen y la calidad. Si el sector es capaz de priorizar aquello que lo une, el futuro del Cava puede ser extraordinario.
Usted nació en una casa de cava. ¿Cree que eso le ha dado tablas para presidir la DO Cava?
Las empresas familiares tienen a menudo una gran virtud: acostumbran a mirar no solo el corto plazo, sino también el largo plazo. Esto condiciona positivamente muchas decisiones. La gestión es más fácil cuando existen confianza, estabilidad y una visión compartida. Cuando aparecen intereses divergentes o desconfianza, cualquier organización lo tiene más difícil. El cava tiene retos importantes y enormes oportunidades de futuro. Estoy convencido de que el nuevo presidente, los vocales, el equipo de la DO y el conjunto del sector seguirán haciéndolo avanzar.
El músculo del cava está en manos de dos empresas que hasta hace relativamente poco eran familiares —una de ellas su familia— muy arraigadas en el territorio. Ahora ya no. ¿Cómo se siente al respecto?
Nací en una empresa familiar donde aprendí palabras como legado, responsabilidad y compromiso con el sector. Son valores que me han acompañado siempre. Pero el mundo evoluciona y pocas empresas familiares consiguen mantenerse intactas a lo largo de muchas generaciones. Nuestra historia, como la de muchas otras familias del sector, forma ya parte de la historia del cava. Lo que realmente importa es que el territorio, el conocimiento, la calidad y la ambición de futuro sigan existiendo.
Después de toda una vida con un vínculo muy fuerte con el vino espumoso desde el punto de vista profesional, ¿ahora por primera vez lo rompe?
De alguna manera sí. Tengo viña y soy proveedor del mundo del cava y lo seguiré siendo siempre y cuando esta actividad sea rentable. Pero no tengo intención de elaborar, por ejemplo. Hace mucha ilusión tener un producto cava para poder venderlo, pero requiere también de tiempo y tengo otras actividades que ocupan mi tiempo.
¿Se lo ha pasado bien en esta etapa?
Sí, muy bien. He estado muy bien acompañado. La gente de la DO es fantástica, el director y toda la gente que trabaja allí. De los compañeros vocales del consejo regulador, aunque no siempre hemos estado de acuerdo y no siempre he conseguido lo que he querido, me llevo un recuerdo de afecto. Es una de las etapas más bonitas de mi vida.



