El nuevo Recaredo L’infinit se presenta como el espumoso de los payeses
Este celler de Sant Sadurní apuesta por un espumoso Corpinnat elaborado con la colaboración de payeses amigos y que tiene un estilo diferente de los de la casa madre
Una familia gallega dejó su casa para venir a ganarse la vida en las fábricas de Cataluña. En cuanto pudo, compró un trozo de tierra para tener árboles, viña, un poco de huerto y para pasar días enteros. Se hicieron mayores, el padre murió y los hijos tenían poco interés en aquella pequeña finca y decidieron venderla. Esta es una historia como las que se han perdido en el olvido de muchas familias, pero no de esta. Aquel trozo de tierra, en Sant Sadurní d’Anoia, está pegado a las viñas del Serral del Vell, del Rascarà y, un poco más arriba, del Turó d’en Mota y, cuando hace quince años Recaredo la compró, la nueva propiedad le puso el nombre de la madre de aquella familia. Desde entonces es la viña de la Benita.
Este entorno natural, en el cual todavía está el pozo que abrió aquella familia, además de algunos de los árboles frutales que les daban sombra, fue el escenario de la presentación de L’Infinit, un nuevo proyecto de Recaredo que, sin desmarcarse de la casa madre, quiere tener vida propia.
Esta bodega centenaria de Sant Sadurní d’Anoia —uno de los impulsores de la marca Corpinnat, que agrupa 22 bodegas del Penedès que elaboran espumosos de larga crianza—, en los últimos años ha trabajado para hacer todos sus vinos espumosos con uva de viñas propias. Ahora, sin embargo, ha decidido, para este proyecto, contar con viticultores y viticultoras con quienes ya habían trabajado, algunos de ellos, también elaboradores por cuenta propia.
“Tenemos los mejores viticultores del Penedès. Muchos de ellos son amigos”, aseguraba Ton Mata, de Recaredo, durante la presentación, en la cual también se descubrieron vínculos personales que se remontan a la infancia de algunos de los presentes.

“Mi padre era proveedor de Recaredo y yo había ido muchas veces a descargar uva. Un día de estos, el abuelo de Ton Mata me dio un cartel para que lo colocara en la entrada de la bodega, y decía: ‘Pámpanos no, uva podrida no’, y esto demuestra que, desde el inicio, ya tenían mucho cuidado por los detalles”, relataba Toni Carbó, viticultor y elaborador propietario de la bodega La Salada. Acto seguido, Ton Mata, recordó que aquel cartel lo había escrito él mismo porque se lo había pedido el abuelo.
Recaredo L’Infinit es, pues, un vino lleno de complicidades, en las que el saber hacer de unos y otros ha ligado a todos los implicados al territorio y a una manera de hacer propia. Todas son viñas ecológicas y la vendimia se hace a mano. Las variedades de uva son diversas: el xarel·lo es la base, pero también incorpora xarel·lo rojo, garnacha negra vinificada en blanco, malvasía de Sitges y macabeo. Se elabora con levaduras propias de las viñas de Recaredo, se usa mosto ecológico para iniciar la segunda fermentación y en la crianza usan tapones de corcho natural. Todas las botellas se degüellan de manera manual —esta parte del proceso sirve para retirar los restos de levaduras que quedan en el cuello de la botella— y se vuelven a tapar para comercializarlas.

Durante el acto de presentación se proyectó un vídeo que reivindicaba el oficio. En este sentido, Ton Mata recordó que en su familia no eran viticultores, pero que se han hecho, en un proceso que, según aseguró, no ha sido fácil.
La viña de la Benita, que tiene un espacio dedicado a las plantas medicinales y aromáticas —para contribuir a la biodiversidad de la zona, pero también para preparar infusiones y productos diversos que se aplican a las viñas que se trabajan bajo el precepto de la biodinámica— fue el escenario para presentar en sociedad este nuevo vino que lleva la huella de un mosaico de viticultores penedesencs.