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Donde las piedras hablan de vino: la garnacha casi imposible de la Sierra de Gredos

Vila Viniteca presenta el cartel del Cata por Parejas, diseño de JJ Bertran, en sus viñedos en la provincia de Madrid

07/10/2026  08:24
Judith Càlix
Presentación del cartel en Sierra de Gredos
Presentación del cartel en Sierra de Gredos

A casi 900 metros de altitud, entre pendientes salpicadas de rocas de granito y viñas viejas, hacer vino es una cuestión de tozudez. En el valle del Tiétar, en la parte oriental de la Sierra de Gredos, las fincas son pequeñas, remotas y a menudo difíciles de alcanzar. Allí se plantea un auténtico salto al vacío: el vino de El Hombre Bala hace honor a su nombre: elaborar una de las garnachas más valiosas por la crítica internacional en un entorno tan exigente requiere la misma osadía y espectacularidad que un número de circo.

Este es uno de los proyectos que tienen entre manos Siscu Martí y Quim Vila, copropietarios de la distribuidora Vila Viniteca. Cuando pisaron estas viñas por primera vez, se enamoraron de ellas y decidieron apostar por explorar todo el potencial de la Sierra de Gredos. El proyecto, iniciado en 2010 junto con una bodega local, Comando G, en el pueblo de Cadalso de los Vidrios, ha ido creciendo y actualmente las viñas de El Hombre Bala ocupan 15,5 hectáreas.

Cuando pisaron estas viñas por primera vez, se enamoraron de ellas y decidieron apostar por explorar todo el potencial de la Sierra de Gredos.

Al frente de la viticultura y la enología de la bodega está el leridano Ramon Esteve, que lleva más de una década caminando este paisaje. Estudió para ingeniero informático, pero en el restaurante familiar le nació el interés por el vino. Después de formarse en vitivinicultura en el Priorat, en 2012 llegó a la Sierra de Gredos para trabajar en la bodega Marañones. Más adelante compartió camino con Comando G, los grandes impulsores del renacimiento de la garnacha en la zona y, después, entró de lleno en su alianza con Uvas Felices.

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“Estuvimos con Comando G hasta 2024. Cuando ellos trasladaron su bodega a Ávila, decidimos buscar nuestro propio camino”, explica Quim Vila. Lo encontraron en San Martín de Valdeiglesias, en una nave en estado lamentable que reformaron por completo. Allí trabajan en ecológico, con fermentaciones espontáneas y de manera poco intervencionista.

La excelencia de las viñas viejas

Siscu Marti i Quim Vila
Siscu Marti i Quim Vila

Esteve resume la personalidad de estos vinos en tres características. El primero es el suelo granítico arenoso con presencia de limo. “La clave diferencial frente a otras zonas de granito es el limo, que aporta al vino textura y sapidez”, dice Esteve. Segundo, la altitud de los viñedos, entre los 800 y 980 metros, que mantiene las temperaturas controladas, aporta lluvias y alarga el ciclo vegetativo. Y el tercero, quizás el más decisivo: garnachas muy viejas, una variedad camaleónica que aquí expresa fielmente el paisaje.

Conseguir estas fincas no ha sido sencillo. Muchas parcelas habían sido huertos familiares destinados al autoconsumo, con variedades de uva mezcladas, olivos y cerezos. “Ha habido un trabajo previo de ganarse a la gente, que sepan cómo trabajamos y que cuidaremos de su viña, su bien más preciado”, explica Esteve. Fueron paso a paso: primero compraron uva; después, alquilaron fincas y, finalmente, hemos podido comprar algunas. Unos acuerdos que habitualmente se acaban cerrando en el bar del pueblo.

Ha habido un trabajo previo de ganarse a la gente, que sepan cómo trabajamos y que cuidaremos de su viña, su bien más preciado

La bodega produce unas 40.000 botellas anuales: 10.000 de El Hombre Bala blanco —elaborado con la variedad tradicional de la región, el albillo real—; 25.000 de El Hombre Bala —el llamado vino de pueblo, una garnacha procedente de diversas viñas viejas— y 5.000 de garnachas de parcelas singulares, como La Mujer Cañón y Reina de los Deseos. “Buscamos la mínima intervención en la bodega, pero con la máxima precisión. Trabajamos principalmente con uva entera y raspón (100% en los vinos de parcela y un 70% en El Hombre Bala), con maceraciones largas de entre 30 y 60 días”, puntualiza Esteve

La viña como paisaje protegido

La recuperación de estas viñas viejas no es solo una cuestión enológica. En un territorio marcado por el riesgo de incendios, el mosaico agrícola que forman viñas, olivos y caminos mantenidos actúa como una barrera natural. Lo evidenció el incendio de junio de 2019: la viticultura activa ayuda a frenar la propagación de las llamas y facilita el acceso de los equipos de emergencia.

El renacimiento vitivinícola también ha cambiado la vida de la comarca. La recuperación de viñas viejas, a menudo abandonadas durante décadas, ha generado trabajo manual cualificado, ha atraído a viticultores y enólogos jóvenes y ha contribuido a frenar el despoblamiento. El interés internacional por los vinos de Gredos, además, ha impulsado el enoturismo que beneficia la hostelería y el comercio de la zona.

Un cartel para bailar

Joan Josep Bertran, diseñador del cartel
Joan Josep Bertran, diseñador del cartel

El 29 de septiembre, en una de las viñas de El hombre Bala se presentó el cartel del del XIX Premio Vila Viniteca de Cata por Parejas, que se celebrará el 21 de febrero en el Casino de Madrid. La obra, firmada por el diseñador vilafranquino Joan Josep Bertran, director del estudio JJ Bertran, imagina dos copas que bailan y establecen un diálogo entre ellas.

Bertran lleva más de veinte años creando identidades para marcas vitivinícolas, pero también de otros sectores, como Bohemia Damm o KH7. Su trabajo y trayectoria encaja perfectamente con la naturaleza de un concurso que se ha convertido en una cita imprescindible del sector: de nuevo, esta

edición reunirá 125 parejas que competirán por unos premios totales de 50.000 euros. Paralelamente a la cata, Quim Vila y Siscu Martí, organizan un showroom con más de 30 bodegas, que cada año acoge a unas 1.500 personas, entre aficionados, profesionales o acompañantes de los aspirantes.

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Una red de alianzas vitivinícolas

El Hombre Bala es uno de los vinos surgidos de Uvas Felices, el proyecto de viticultura y distribución creado por Quim Vila y Siscu Martí. Más que como una bodega tradicional, funciona como una red de alianzas. Uvas Felices se asocia con algunos de los elaboradores y viticultores más prestigiosos de España, como fue el caso de Dani Landi y Fernando García de Comando G en Gredos, o Miguel Sánchez en Ribera del Duero. El enólogo y viticultor aporta conocimiento técnico y elaboración, mientras que Uvas Felices aporta apoyo financiero, dirección conceptual y una red de distribución global.

El objetivo es rescatar viñas viejas, parcelas históricas y cepas abandonadas en diferentes regiones vitivinícolas españolas, con una apuesta clara por variedades autóctonas, rendimientos bajos y una viticultura de respeto por el territorio. Además de El Hombre Bala, el proyecto incluye Ca N’Estruc (DO Catalunya), L’Origan y Glissade (DO Cava), Paisajes (DOCa Rioja), La Locomotora, Fenomenal y El Perro Verde (DO Rueda), Venta Las Vacas (DO Ribera del Duero), y El Jardín de Lucía (DO Rías Baixas), entre otros.