“Los espumosos del Penedès son únicos, es una anomalía que muchas marcas de prestigio no tengan DO”
Familia Roqueta se adentra en el mundo de los cava con la adquisición de Naveran
Hace cinco generaciones que la familia de Ramon Roqueta —de la cual él pertenece a la 34.ª generación— fundó, en el siglo XIX, el negocio familiar dedicado a la producción y comercialización de vinos. Originaria del Bages, esta estirpe siempre ha conservado su actividad vinícola en esta comarca, pero hoy, con la adquisición de Cavas Naveran, ha empezado a explorar el Penedès. Naveran es una finca histórica que en 1889 fundó un indiano, que invirtió su fortuna en una finca de 40 hectáreas en la propia bodega. Al cabo de 137 años, la familia Roqueta quiere mantener la esencia de aquella bodega y el espíritu del modernismo que reflejan sus primeras etiquetas. De momento, los nuevos propietarios han unificado la imagen y se han centrado en la elaboración de espumosos, si bien conservando uno de sus vinos tranquilos icónicos, el Manuela de Naveran.
¿Qué ha hecho que la familia Roqueta decida convertirse en socio principal de Naveran?
Esto se explica por nuestra mirada larga y por querer ser intérpretes del paisaje. Hay una variedad que conecta el Bages con el Penedès, que es el sumoll. Es una zona cercana que hemos ido observando y, además, nuestro enólogo, Miquel Palau, es originario de allí, y por lo tanto inevitablemente, siempre hemos tenido una cierta tirada. En paralelo, en casa hemos hecho alguna prueba con espumosos. Y de la combinación de las dos cosas, nació la oportunidad del proyecto de Naveran.
¿Y cómo es que, en un momento de crisis de consumo del vino en el que el sector experimenta una cierta contención, en la familia Roqueta han decidido emprender?
En tiempos de crisis, quedarse quieto no es una buena idea. Por lo que decía antes, el Penedès siempre lo hemos tenido presente, y buscábamos algún lugar donde asentarnos. Es verdad que pensábamos más bien en trabajar con el sumoll, pero apareció esta finca de 40 hectáreas de viñedo, con mucha historia y con mucha identidad y una ubicación fantástica. Además, es cierto que el sector está en crisis, pero más de consumo, creo que es una crisis de bolsillo, que se añade a un cambio de hábitos, al incremento de temperatura y quizás esto hace que la gente busquemos una gastronomía más fresca, menos contundente y claro, encajan mejor los vinos blancos, los espumosos y los vinos tintos menos estructurados.
De momento se ha hecho un cambio de imagen en el que se han unificado criterios. ¿Cuál es la hoja de ruta de Naveran en estos momentos?
Hemos llegado a esta finca, con toda esta superficie de viñedo y mucha identidad. Un paisaje cuidado, trabajado en ecológico, con sensibilidad para preservar el entorno de olivos y cipreses mezclados con la viña. Todo ello tiene un carácter singular y esta identidad se respira en los vinos. Nos sorprendió. Nosotros hemos construido proyectos desde cero y en este caso nos lo hemos encontrado hecho, con un estilo que hemos hecho nuestro.
Hemos hecho que las etiquetas refuercen la marca, el nombre y el estilo que evoca los inicios de la bodega a finales del siglo XIX. Y poca cosa más. Estamos hablando de cava que necesita tiempo y poco a poco iremos haciendo nuestras aportaciones. De momento, hemos dejado solo un vino tranquilo, el Manuela, que interpreta muy bien los valores de Naveran, y el resto son cavas.
¿Cuál es la producción de Naveran y dónde se está vendiendo mayoritariamente?
De momento hacemos 150.000 botellas. Todas, de manera exclusiva, con uva propia. La idea es convertirnos en productores integrales. Estamos alargando las crianzas y apostamos por los cavas de guarda superior. Naveran tiene muy buena reputación, pero es relativamente poco conocida. De hecho se conoce más en los mercados internacionales, especialmente en Estados Unidos. Exportamos un 70% de la producción.
Ustedes han llegado en un momento convulso del sector de los espumosos del Penedès, con una división clara en los espumosos de la DO Penedès, Corpinnat y la DO Cava. ¿Cómo valoran la situación?
Con mucha humildad. Somos nuevos en este territorio y antes de pedir nada, primero tenemos que demostrar de qué somos capaces. Estamos en la DO Cava y no tenemos ninguna intención de cambiarlo. Ahora justo nos estamos situando y estamos enfocados en ir refinando todo el proceso. Pero sí que es cierto que en el Penedès hay una profunda anomalía. Tienes grandes marcas de prestigio que no están amparadas por ninguna denominación de origen. Mañana podría aparecer otro grupo de bodegas que montaran otra marca conjunta. Y sería otro añadido para confundir todavía más al consumidor. El Penedès es diverso y está muy bien, pero es una anomalía que no haya habido un entendimiento para estructurar esta diversidad. Nosotros iremos haciendo camino y sí que nos gustaría que hubiera más unión, más generosidad por parte de todos para llegar a un entendimiento. El Penedès tiene una identidad muy clara, particularmente en lo que se refiere a los espumosos, y es muy bonita de explicar. Pero debería ser más fácil.
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