¿Por qué ahora es el mejor momento para comer tomates?
Cómo reconocer un buen tomate, qué variedades encontrarás a finales de verano y cómo aprovecharlas cuando están en su momento óptimo
El tomate es uno de los primeros alimentos en los que pensamos cuando nos hablan del verano. A finales de agosto, cuando las huertas todavía dan buena cosecha, llega a la mesa en todo tipo de formas, colores y texturas; desde ejemplares carnosos y dulces hasta otros más ácidos y jugosos. Es precisamente durante estos meses de calor cuando el tomate nos ofrece todo su sabor.
Un fruto, muchas variedades
Bajo la categoría de tomate se encuentra un gran paraguas de variedades, cada una con características únicas. Corazón de buey, rosa, de Montserrat, de colgar, Cherry o pometa son solo algunos de los tipos que podemos encontrar en los mercados y tiendas, con diferencias de tamaño, forma, color, textura e intensidad de sabor.
Aunque hoy lo encontramos todo el año, el tomate es característico de los meses cálidos. La temporada se sitúa principalmente entre el verano y los primeros meses de otoño, con un momento álgido entre julio y agosto.
El calor y las horas de sol tienen un papel importante en la maduración, pero también lo hacen la variedad y las condiciones de cultivo. Por eso, no todos los tomates llegan al punto óptimo al mismo tiempo y la temporada puede alargarse según la zona y la climatología. A finales de agosto, por lo tanto, todavía estamos en uno de los mejores momentos para comprarlos y comerlos, especialmente si provienen de productores de proximidad.
¿Cómo reconocer un buen tomate?
Lo primero que hay que hacer es mirarlo, pero también tocarlo y, si es posible, olerlo. Un buen tomate maduro debe tener una piel lisa y sin heridas, un color uniforme de acuerdo con la variedad y una cierta firmeza, pero no debe ser duro.
El aroma es otro indicador importante, ya que cuando está maduro debe tener ese olor vegetal y ligeramente dulce tan característico. Un tomate que no huele y es excesivamente firme probablemente todavía no ha desarrollado todo su sabor. En cambio, si es demasiado blando, presenta golpes o zonas oscurecidas, conviene consumirlo pronto o reservarlo para una salsa, o bien un sofrito.
¿Dónde se conservan mejor?
Si hay una fruta que agradece quedarse fuera de la nevera, es el tomate. El frío puede perjudicar su textura y hacer que pierda parte del aroma y del sabor, de manera que los ejemplares que todavía no están maduros es mejor conservarlos a temperatura ambiente, en un lugar fresco y sin sol directo.
Cuando ya están maduros, también se pueden mantener fuera de la nevera si se van a consumir en pocos días. Si el calor es muy intenso o hay que alargar un poco su conservación, la nevera puede ser una opción, pero es recomendable dejarlos recuperar temperatura antes de comerlos.
De la ensalada al sofrito
Pocas frutas tienen una presencia tan transversal en la cocina como el tomate. A finales de agosto, cuando hay abundancia, es el momento ideal para comerlo crudo, simplemente aliñado con aceite de oliva y sal, añadirlo a una ensalada o utilizarlo como base del pan con tomate.
Pero también es un ingrediente fundamental en sofritos, salsas y guisos, y las variedades más carnosas funcionan especialmente bien asadas o rellenas. Los ejemplares demasiado maduros tampoco deben descartarse: son perfectos para hacer salsa de tomate, conserva, gazpacho o salmorejo.
Todavía es tiempo de tomate
A finales de agosto, el verano todavía tiene mucho tomate que ofrecer. Es uno de esos momentos del año en que la fruta llega a la cocina con poco artificio y pide poco más que un buen aceite, un poco de sal y, sobre todo, que la dejemos ser protagonista. Aprovecharlo ahora es también una manera de seguir el calendario de la huerta y disfrutar de un producto que, cuando se come en plena temporada, tiene poco que ver con los tomates que encontramos fuera de tiempo.
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